Julia León Música Sefardi

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El Siglo de Oro Español (XVI y XVII).

Su inicio, ligado a la expansión del Renacimiento desde sus orígenes en la Italia del trecento y quatrocento, se manifiesta por el culto a la naturaleza y a sus elementos dentro de una perspectiva humanista donde la realidad del ser se funde con la alabanza de un mundo idealizado.

Los temas clásicos de la literatura griega y latina, los personajes y escenarios mitológicos, la literatura pastoril, el ser humano como centro del universo y el sentimiento platónico ante la persona amada, crean una corriente de poesía culta que renueva el espíritu de la época.

Paralelo a éste desarrollo, siempre presente desde los orígenes de la lengua, savia de la que beben todos los maestros, la corriente de la lírica popular sigue su curso imparable, de boca en boca, hasta ser recogida en los numerosos cancioneros de la época. Su ligereza formal y su aire fresco de eterna juventud son fuente de inspiración de numerosas composiciones.

Sin embargo, la culminación del Renacimiento como aportación exclusiva de las letras en los reinos hispánicos, se produce con la literatura mística. Este depurado lenguaje poético de sentidos múltiples, en su afán de comunicar la intensidad de la experiencia espiritual, y consciente de la insuficiencia de la lengua crea así una de sus mayores expresiones.

Más tarde, los profundos cambios que experimenta la sociedad del siglo XVII alterarán la visión del mundo frente a la que tuvieron los renacentistas.

La economía en crisis, los trastornos monetarios, la inseguridad del crédito, las guerras económicas y el creciente empobrecimiento de las masas, crean un sentimiento de amenaza e inestabilidad de la vida social y personal, que están en la base de la gesticulación dramática de la cultura barroca.

Esta honda crisis es la que lleva a una nueva metafísica o a una nueva actitud ante el mundo. Por esta razón abunda la poesía sobre las ruinas, el paso del tiempo que todo lo destruye, la caducidad de la belleza, lo efímero de la existencia, derivando en melancolía, pesimismo y desengaño, que lleva a la idea de que la vida es sueño o simplemente nada.

Todo ello conforma la conocida sensualidad barroca, el despertar de los sentidos, el gozo por lo bello, los colores brillantes. Gustan de lo artificioso porque “agudiza el arte y el ingenio”. Disfrutan causando asombro y sorpresa, usando para ello desde la antítesis a la metáfora más audaz o la hipérbole más extremada.

El carácter de fiesta que ofrece el barroco no elimina el fondo de acritud, melancolía, pesimismo, desengaño y de un gusto por la soledad. También se advierte un aumento del sentido crítico, camuflado a veces entre fórmulas irónicas y burlescas.

Poesía y música siempre fueron de la mano. Gentes de todo tipo cantaron desde siempre sin preocuparse demasiado del origen o valor de sus canciones. Este fenómeno junto con el de la Imprenta y un lento proceso de alfabetización, harían que se extendiera prodigiosamente el arte poético a lo largo de los siglos XVI y XVII.

Son dos siglos de poesía que abarcan desde el Descubrimiento de América, final de la Reconquista, Expulsión de los judíos… 1492. Hasta el lento declive con el final de la dinastía de los Austrias en la segunda mitad del siglo XVII. Comprende los reinados de los Reyes Católicos, el Emperador Carlos I (1517 – 1556), Felipe II (1556 – 1598), Felipe III (1598 – 1621), Felipe IV (1621 – 1665), y Carlos II (1665 – 1700).

Estamos hablando de un auge no sólo literario, sino también artístico y cultural.“Esplendor en el arte” no quiere decir “serenidad en la vida”, ni siquiera significa “bienestar económico”. Es una época de desorden social, caos político y administrativo, se suceden pestes, bancarrota y miseria. Ni los galeones que llegaban de las Indias cargados de plata podían frenar el vértigo de una sociedad que vivía sin saber exactamente dónde terminaban sus fronteras en Europa (continuas guerras en Flandes, Italia, el Mediterráneo…) y América.

Las gentes vivían una existencia tensa, la crispación político y militar alcanzaba a la existencia diaria. (alojamiento de tropas, pago de impuestos, los jóvenes eran reclutados para los tercios, enquistamiento de actitudes violentas). Las exclusiones por cuestiones de raza y religión hacían que mucha gente viviera bajo sospecha escondiendo sus orígenes y viviendo una existencia precaria. A los judíos se les expulso el 31 de Marzo de 1492 y a los moriscos entre 1609 y 1614. Pero los conversos de cualquier origen estuvieron siempre bajo sospecha y perseguidos pos la Inquisición. Muchos artistas eran descendientes de conversos: Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, etc…

Un sentimiento de confusión y malestar dominaba toda la sociedad. Hasta un 80% era analfabeta a comienzos del siglo XVI. No podía leer libros ni producir literatura. Accedían al mundo de la poesía a través de las canciones y de los actos colectivos en los que se cantaba o recitaba. La transmisión oral de la poesía era esencial para conocer la literatura de esos siglos. Junto a las canciones de transmisión oral, que podían llegar a todas las gentes, había otra poesía de transmisión escrita, a la que tenían acceso las minorías cultas, las clases privilegiadas. Aunque nunca hubo una separación tan rígida.


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